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viernes, marzo 23, 2018

Crónica de La Batalla del Parque España




Como un plan básico de evacuación: ¿dónde se orina en un parque? Avanzamos hacia los túneles con las vejigas llenas. Al llegar, la puerta de ingreso al baño está cerrada. Nos dicen que podemos ir a otro, más alejado. Nuestra adaptación nos guía y vamos. Nuestra sobreadaptación nos lleva por el camino más largo. Llegamos al fin, orinamos triunfales en el reducto que se nos asigna. Al salir, ya en la explanada, veo mucha gente alrededor de un grupo de mujeres con perros. En la multitud pierdo de vista a Maia M. y camino hasta la baranda junto al río. Algunas de las mujeres con sus mascotas se acercan donde estoy. Un poco más allá, un grupo de ancianos está molesto con los animales. Los viejos insultan amontonados, enfrentan a las perreras, maldicen a los perros, especialmente uno, rabioso, que gruñe fuerte “perro”, que desliza fuerte “de”, que saborea agrio “mieRda”. Las viejas del grupo no se diferencian de ellos, se comportan igual. Al rato llegan corriendo hombres y mujeres de edades diversas ejercitándose improvisadamente. A medida que avanza el grupo va mejorando su performance, alcanzan su punto máximo cuando tres varones acrobáticos hacen una torre, dos abajo y uno sobre los hombros de ambos. Se desplazan apilados, se adelantan del resto como un gigante de ojos intensos. Mientras tanto, llega un grupo mixto de corredores atléticos, respiran al unísono, balancean sus brazos al mismo ritmo, parecen un cardumen. Se desplazan por el parque tomando su espacio y lo disputan. Se enfrentan con los corredores acróbatas y también con los viejos. Vuelven los gruñidos, los gritos, los gestos bruscos al límite del golpe. Todos se reagrupan, se desplazan, se dispersan, hacen sus rutinas. Enseguida llega un grupo de jóvenes bellas y se mezclan con los viejos en una danza de amor. Ellos, los viejos, hasta entonces como zombies con rabia, se tornan amorosos, dóciles, sonrientes. Reciben y brindan amor y gracia.







Las bellas pasan y enseguida llega al parque un grupo de gorditos cuarentones, cero estado físico. Se nota que buscan aire, vida sana, salir de la alienación y del estrés.
Los viejos en su parcela se pintan una V con aerosol en las remeras, son un equipo, se abroquelan, afianzan su espacio y van moviéndose, como buscando con quién pelear.
Mientras los gorditos buscan aire, se mezclan con los atletas acróbatas y avanzan sobre los viejos, que se abren defensivamente y los dejan pasar. Los gorditos siguen su recorrido y barren con las jóvenes bellas que se unen al conjunto y avanzan hasta las perreras paseadoras que son tragadas por la marea que también traga a los atletas como una ola fuerte. Arrasan. Avanzan otra vez, ya fortalecidos, a través de los viejos y entre todos se tiran manotazos, tarascones, ruidos. La gente se apretuja para mirar. Un hombre le dice a otro: “Yo quiero que corra sangre”. Los viejos se abren y se repliegan, consiguen mantener su territorio. Los corredores, hombres y mujeres, mezclados, pasan y se unen más. Los viejos quedan enfrente y se disponen para una guerra.


Permanezco contemplando la pugna, casi la historia de la humanidad. Sobre el río a mi espalda pasan barcos, uno toca bocina, espera que alguno salude.
Motos de agua atraviesan el Paraná, son como diez y hay dos ocupantes en cada una. De perfil los veo pasar, no es calma su actitud, parece que van a otra batalla. Los muelles están lejos de aquí. En ese instante llegan motos por tierra, son como diez y van dos en cada una, hombres y mujeres. Rugen, copan la explanada, parecen ladrones, caballos mecánicos, parecen guerreros. Un tropel de jóvenes corre tras las motos, gritan, se ríen. Los motoqueros dan la vuelta. Estalla el ruido pero enseguida se calma y entonces los grupos conviven en una armonía silenciosa: las motos se estacionan, los perros retozan, los viejos hacen tai chi chuan, los corredores trotan agrupados. Van corriendo y corriendo en el rato calmo.
Hasta que todos empiezan a encerrar a los viejos con un circuito imaginario.
Los viejos los putean.
Los corredores los increpan.
Se gritan, se maltratan.
Los motoqueros con sus cascos se alinean con los jóvenes. Los viejos dejan el tai chi y hacen aeroplanos. Todos se pelean otra vez mientras corren como aviones. Incluso los perros van ladrando, corriendo o en brazos.
Me pasan cerca.
Desde una curva del río llega un ser gigante moviendo los ojos. Su rostro es humano y su cuerpo de limo y pasto, similar al de un dragón o de una oruga. Alguien dice que se llama Grete. Tiene pestañas largas, parece hembra.
Grete avanza danzando. Se desmembra y se rearma. Todos aúllan a su alrededor. Algunos la echan, otros la adoran. Atraviesa el espacio del parque y se va a su cueva o templo, cerca del agua. Empiezan los grupos a seguirla y también yo voy tras Grete. Corro en silencio a pesar de mis zapatos.
Entro a su cueva, su templo. Todo se reacomoda en el nuevo espacio. Un grupo canta “Ya la historia se puede contar”.
Un hombre joven la mira embelesado, baila frente a ella dialogando con su cuerpo. Grete lo observa de reojo, lo deja acercarse, entra en su cortejo. Él se excita y empieza a sacarse la ropa, se desnuda, se ofrece. Grete avanza, se le acerca. Es un momento sagrado. Grete se desplaza hacia el altar, agitada, el joven la sigue. Grete se acomoda en el altar, excitada, gimiendo. El joven frenético sigue su danza frente a ella. Grete se expande, se dilata. El joven paroxístico salta dentro de su boca. Grete se orgasma y se calma. Se repliega. Se duerme.
Todos los presentes miramos absortos.
Enseguida Grete abre los ojos, parpadea, canta como un hada, como quien da una misa, una ceremonia. Mezclados, encantados, la escuchamos.
Entonces Grete vomita un hombre canoso, desde donde estoy parece un viejo. El viejo habla y dice que todos se matan por el oro. Cuenta de El Dorado y de un hombre al que amó. Dice que se siente seco. Parece tener sed.
Una mujer se le acerca y lo amamanta. El viejo toma la teta. La mujer se aparta, desfalleciente. Otras la ayudan.
El viejo sigue hablando de varones que le gustan.
Se escucha la voz de Grete, de su boca sale una mujer que canta con su misma voz. Dice que se hundió en el río después de comer oro.


El viejo habla de sus amantes y pregunta si estamos en Perú, dice que extraña la selva y su embarazo de oro. Grita entonces que los europeos no entienden nada, que vamos a invadir Europa. Me gusta esa idea, si se arma me anoto para invadir. La mujer que salió de Grete se para y vuelve a cantar. El viejo se ríe hermosamente y no sé de qué. La mujer también se ríe. Otros alrededor empiezan a reírse y, bailando, avanzan hacia Grete, que se agita y baila. Saltan a su alrededor, la acarician, la tocan, la tironean. Grete se parte, se desarma, la desmembran. Siguen riendo y gritando tiran de sus pelos de pasto y los arrojan por todas partes, adentro y afuera de la cueva/templo. Personas cerca mío se crespan del susto mientras Grete, cada parte de su cuerpo, está por todos lados. La horda sigue arrojando sus piezas, juegan y se sacan la ropa. Excitados, comienzan a pelearse, piden sangre. Veo a un amigo pasar semidesnudo chorreando sus colmillos. Furor loco, muerte y destrucción. Se muerden, se persiguen, se pegan, se ahorcan. Veo a mis amigos matándose entre sí, comiéndose sus partes. Para muchos, la canibaleada dura hasta desfallecer. Hasta que todo parece calmarse.
A lo lejos, se oyen voces que cantan esta misma historia.
Algunas peleas siguen, se lentifican y persisten. Otros se enamoran y se recuestan con su amor. Un hombre y una mujer encuentran su lugar para el retozo. También hay quien en una pelea vence o parece vencer. El vencido queda tendido. El vencedor se aleja y encuentra a una mujer vencida o dormida. La toma, la seduce. Ella se deja seducir o vencer, se entrega a él. Más tarde él se la entrega a otro, o lo suma. Ahora son tres que se aman o parecen amarse o jugar o pelear. Mientras, otras mujeres se enamoran entre sí. Se persiguen, se besan. Miro sus actos y extraño a mi amado, él está lejos, inmerso en otra batalla, en otro escenario.
Un joven toma a una mujer por asalto. Ella pelea y es tan grande su fortaleza que para escapar de él, se rinde. Llega una que la ayuda y así se libera. La ayudadora castiga al violador, lo alecciona y lo convierte en un perro dócil. Cerca de ahí, una tribu joven se arremolina amorosamente,se aman sobre las partículas de Grete, que están en todas partes.

Un bebé llora. Su madre lo aleja y lo consuela.
Veo a mis amigos corriendo desnudos
Algunos muy serios
Otros riendo
Toda esta belleza me invade a pesar de conocer la crueldad
Alguien muere
O se duerme
A lo lejos alguien canta,
Termina el día
se transforma el mundo
Se unifica
Ahora en la oscuridad




Ilustraciones: Ange Potier
Fuente fotos: Facebook

miércoles, mayo 24, 2017

La revolución no va a estar en ningún soporte

El año en que nací, Gil Scott-Heron grabó su poema La revolución no será televisada . Hace poco Ezequiel Zaidenwerg, poeta argentino residente en Nueva York escribió un cover de aquella famosa diatriba musicalizada y lo tituló La revolución no va a ser por internet . A modo de juego de espejos me propuse escribir mi propio cover en clave feminista. En ese camino la generosa lectura de Ezequiel Zaidenwerg fue fundamental. Gracias por el impulso!


La revolución no va a estar en ningún soporte


No vas a poder quedarte en tu casa, amiga.
No vas a poder encender, conectar ni wasapear audios.
No vas a poder plancharte el pelo y quedar divina,
ni tomarte un licuado mientras se carga la aplicación,
porque la revolución no será televisada ni por internet.

La revolución no va a estar en ningún soporte.

La revolución no va a ser auspiciada por Revlon
en los cinco segundos del anuncio que no podemos omitir en youtube.
La revolución no te va mostrar el gif del Papa
moviendo la cabeza al ritmo de Patti Smith.

La revolución no será televisada ni por internet.
La revolución no va a estar en ningún soporte.


La revolución no va a ser la película de la semana, y no la van a protagonizar Adam Sandler
ni Griselda Siciliani ni Joaquín Furriel ni Julia Roberts.
La revolución no le va a dar seducción a tu sonrisa.
La revolución no te va a hacer olvidar tu celulitis.
La revolución no va a hacer que parezcas diez kilos más flaca,
porque la revolución no va a estar en ningún soporte, amiga.
No habrá fotos tuyas junto a Madonna
bailando con chongos o agradeciendo premios
o intentando parecer divertida en la entrevista del prime time.
TN no va a predecir el ganador de ningún partido ni a las 18:05 el escrutinio de 24 provincias.

La revolución no será televisada ni wasapeada.
La revolución no va a estar en ningún soporte.


No habrá imágenes de policías requisando pibes
en la repetición del flash informativo.
No habrá imágenes de mujeres
con gas pimienta en sus ojos y con flamantes traslados policiales.
No habrá cámara lenta ni naturaleza muerta ni
chicas bailando en minishorts, emancipadas de cualquier mirada,
maquilladas para la ocasión perfecta.
Ni topmodels devenidas actrices en “Los Ricos no piden permiso”
y series como “Ciega a citas” ya no van a estar en boca de todos,
y a nadie le va a importar si finalmente Susana se acuesta
con Facundo porque las mujeres
estaremos en las calles buscando un día mejor.

La revolución no será televisada ni wasapeada ni por internet.
La revolución no va a estar en ningún soporte.


No habrá un resumen de los mejores momentos en el noticiero de la medianoche,
ni imágenes de gordos bajando atriles del palco de la CGT
ni de Juliana sonándose los mocos,
ni de miles en tetas cantando contra la yuta.
No habrá banda de sonido compuesta por Lerner ni por Calle 13
ni va a salir a cantar Lady Gaga, ni Miss Bolivia,
ni León Gieco ni Roxana Carabajal.

La revolución no será televisada ni por internet.
La revolución no va a estar en ningún soporte.


La revolución no va a volver después de una pausa
sobre una gran tormenta o sobre las noticias de un tetazo o de una inundación.
No vas a tener que preocuparte ya por gérmenes ni por bacterias en tu casa,
ni por un tigre en tu tanque, ni por tus pisos relucientes.
La revolución no te va a refrescar mejor con Coca-Cola.
La revolución no va a pasar el desafío de la blancura
ni va a proteger tus axilas recién depiladas.
La revolución te va a poner al frente.
La revolución no va a ser televisada ni tuiteada ni wasapeada.

No va a estar en ningún soporte, no va a estar en ningún soporte.

La revolución no va a ser un reality, ni un stand up, ni una charla de TDX, amiga.

La revolución será en vivo.

domingo, agosto 21, 2016

¿Tienen los escritores un dibujo en el placard?

        



Artículo especial para Anuario 2013
Abril de 2014
(pp.80-83)





         Universos compartidos
Con el otoño ya instalado en la ciudad abre sus puertas, en el Museo J. B. Castagnino, la muestra “La disfunción de los escritores 1. Ensayo moderno sobre cierta entrañable relación entre el dibujo y la escritura. Seguido de Leo Gambartes. Cartones, dibujos, viñetas y exlibris (1935-1945)”. La unión de dos clubes amigos, Club del Dibujo y Club Editorial Río Paraná lo hizo posible. A partir de la iniciativa compartida, Claudia del Río, Maximiliano Massueli y Ana Wandzik, realizaron la curaduría; conversaron afectuosamente, entre la lectura y la mirada, sobre la escritura y el dibujo. Atesoraron un conjunto de libros, otro conjunto de dibujos y los nombres que aparecían en su intersección, de entre los últimos reunieron y expusieron los trabajos plásticos. Sumaron a la constelación las ilustraciones de Leónidas Gambartes. Un artista grandioso y cercano en la historia, en la geografía y en el afecto, Leo.
El listado de autores incluidos en la muestra es extenso. El título de la misma, toda una acepción por desglosar. El número 1 remata la frase como un aviso de “Continuará…”. La aparición del término “disfunción” i admite que existe una funcionalidad del escritor, como un órgano en el cuerpo de la cultura en el que cumple una función (oxigenar la sangre, combustionar los alimentos, por ej.) Aquí esa función del escritor se presentaría alterada, con un desarreglo. Algo pasa en las entrañasii del cuerpo que, desde el fuero íntimo del organismo, se manifiesta. El afecto y lo escondido se metabolizan en los trabajos de RobertoAguirre Molina, Guillermo Bacchini, Emilia Bertolé, Sergio Bizzio, Fernando Callero, Arturo Carrera, Copi, Dick El Demasiado, Marosa DiGiorgio, Hugo Diz, Tamara Domenech, Celia Fontán, FranciscoGaramona, Homs, Roberto Jacoby, Kiwi, Fernanda Laguna, Mario Levrero, Alejandro López, Manuel Mujica Lainez, Gustavo Nielsen, SilvinaOcampo, Juan L. Ortiz, Hugo Padeletti, Cecilia Pavón, NicolásPeyceré, Damián Ríos, Julio Rodríguez Labrador, Dani Umpi, Beatriz Vallejos, Beatriz Vignoli, Agustín Zapata Gollán. Todos expuestos en un “ensayo moderno”, un “ensayo visual” iiique se abre a preguntas como ¿sería el dibujo, para el trabajo de la mente y ante la profesionalización de la tarea de escribir, la vía de evasión?


Dibujar y escribir. Acción y cuerpo
Escribir y dibujar pueden hacerse con recursos escasos: papel y lápiz. Ejercicios de la mano y de la mente, ¿qué hay en ese camino entre las dos? Escribir y dibujar pueden hacerse en cualquier postura, la más habitual es de sentado en una silla ante una mesa. “Para el artista dibujar es descubrir”, dice John Bergeriv, y esta máxima no pierde valor ni fuerza si reemplazamos el verbo “dibujar” por el de “escribir”. ¿Qué se descubre? Lo que se mira. Lo que se busca. También lo que se recuerda. Lo que se puede percibir: un afuera y un adentro que se alimentan.
El trazo del dibujo es entonces caligrafía. La escritura, como un dibujo: traza un paisaje, mapea, retrata, es juego, acomoda las palabras entre los blancos de una hoja. Dos dimensiones de la experiencia. En la escritura, su linealidad espacial participa en lo que ambos difieren. Sintagma. Ideograma. Elementos: línea, letra. Después: los materiales, el color. El dibujo pone en presencia aquello que excede al lenguaje. ¿Existe un resquicio en donde algo no es decible pero sí dibujable? Por un matiz o una forma completa, puede pensarse que aquello que no soporta la escritura sí lo soporta el dibujo: sus contornos, los elementos, su peso, lo que lleva su estampa. De la emoción a la expectativa. El dibujo va directo del inconsciente a la mano. Más tarde, los originales pueden transformarse en obra, o no.


Mostrar o no mostrar
Los casos que se exponen son diversos. Se trata, en su mayoría, de trabajos que no fueron concebidos para exhibirse. Las palabras de Claudia del Río lo definen con claridad en el breve catálogo cuando dice: “lo que no nace para ser exhibido tiene un plus”. En especial los dibujos -como los de Fernando Callero, Damián Ríos, Guillermo Bacchini- más vinculados con lo biográfico, con la experiencia íntima, antes que con la comunicaciónv. Aún cuando algunos de los escritores listados desarrollaron un camino paralelo como artistas plásticos se presentaron allí sus obras menores, anómalas. Entre ellos Hugo Padeletti, Emilia Bertolé, Fernanda Laguna y Beatriz Vallejos, de quien además de sus lacas, se exhibió el único ejemplar de “Flor de Revista”, cuaderno con dibujos y textos. Otros autores, ya habían participado de muestras colectivas, como Sergio Bizzio con sus cuadros/intervenciones, Francisco Garamona con sus collages, Alejandro López con sus cajas luminosas, Beatriz Vignoli aquí con dibujos. Entre ellos aparece Celia Fontán, pintora que se alejó del circuito de exposiciones para dedicarse de lleno a la literatura y se transformó en una pintora secreta. Mientras que el caso de Emilia Bertolé se presenta a la inversa de los demás: se trata de una pintora que escribía versos. Del poeta Kiwivi se muestran estatuillas y vasijas de barro inspiradas en motivos indígenas y de la naturaleza, hechas con técnicas ancestrales.


Lugar y tiempo
“Uno sabía que algunos escritores en otro tiempo y lejos habían dibujado”, dice Claudia del Río en el citado catálogo. Y nombra los casos de Víctor Hugo y de Franz Kafka, como podría citar también los de Samuel Taylor Coleridge y Federico García Lorca, por decir algunos. En cambio en esta muestra se agrupan proximidades: siglo XX y XXI, cuenca del Río de la Plata, preponderancia de autores del litoral, donde la mayor excepción es Dick El Demasiado, artista nómade y músico holandés criado en Argentina. La geografía simbólica del porteñocentrismo se diluye aquí con el agua, se entremezcla con el limo. La exposición se instala y dice: UNO NO SABÍA QUE ALGUNOS ESCRITORES DE NUESTRO TIEMPO, Y QUE ESTÁN AQUÍ CERCA, DIBUJAN, PINTAN, HACEN MARAVILLAS.










i Disfunción: f. fisiol. Alteración cuantitativa o cualitativa de una función orgánica. 2. Fig. Desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde. Dicc. RAE, 21ª ed., Madrid, España, 1992
ii Entraña: f. Cada uno de los órganos contenidos en las principales cavidades del cuerpo humano y de los animales. /2. Lo más íntimo o esencial de una cosa o asunto/3. Pl. fig. Lo más oculto y escondido. RAE, op. cit.
iii Palabras de Claudia del Río en el texto del catálogo de la muestra.
iv Berger, John, Sobre el dibujo, Editorial Gustavo Gilli, Barcelona, España, 2011, p. 7. Trad. Pilar Vázquez
v “Un dibujo es esencialmente una obra privada que sólo guarda relación con las propias necesidades del artista; una estatua o un lienzo “acabado” es esencialmente una obra pública, expuesta, que se relaciona de una forma mucho más directa con las exigencias de la comunicación.”, Berger, John, op. cit., pp.8-9

vi En un primer momento algunos poemas suyos circulaban en fotocopias. Más tarde llegaron los plegables Poemas de Kiwi y Angüeras y el libro El espejo natal, que en 1991 editó Roberto Aguirre Molina (quien también participa de la muestra motivo del presente artículo). Más tarde, en 2002, la Comisión Provincial de Actividades Artesanales publicó una compilación de su poesía.



miércoles, octubre 14, 2015

Dos años ya


Nos habíamos conocido a fines de los 90, él integraba el staff de la revista "Los Lanzallamas" y yo editaba la revista "Viajeros de la Underwood". No nos hicimos amigos muy rápido, sino encontrándonos cada tanto en alguna lectura en público, en presentaciones varias, con amigos en común. Conversando, compartiendo el vino y el pan. Podría decir que nuestra relación se afianzó trabajando juntos en proyectos colectivos como la antología "Dodecaedro" y especialmente cuando preparamos la edición de su poemario "Jardines Flotantes", que apareció en 2005.




en la foto: Omar Aguiar, Renato Simeoni, Fabricio Simeoni, yo y Alejandro Pidello
Presentación conjunta de "La Luna en tus Manos", de Wáshington Cucurto, 
"Jardines Flotantes", de Fabricio Simeoni (ed. junco y capulí) 
y Revista "Plebella", de Romina Freschi
Centro Cultural La Toma, 
Rosario, marzo de 2005



Hace dos años, las últimas veces que conversé con Fabricio Simeoni, él estaba alegre como siempre, con proyectos para el futuro y realizando muchas cosas en aquel presente. Nos encontramos a la salida de un recital de Living Colour, con las endorfinas bien en alto y días después me mandó un mensaje para invitarme a leer en un ciclo nuevo. 
Era viernes y durante la lectura le convidé una pastilla de menta. Creí que cenaríamos juntos, con el grupo de esa noche, pero no, él se fue hacia otro evento. Saludó veloz y ya no lo ví. 
Aquel lunes era feriado y el día terminaba cuando recibí el llamado de María Paula Alzugaray con la noticia de la muerte de Fabricio. Llegué entre las primeras a su velatorio, me fui temprano y volví al día siguiente a despedirme al fin. No pasa un solo día sin que lo extrañe.
Tiempo después, como parte de un intercambio con Marcelo Scalona, un desafío casi, escribí este poema pensando en la noche en que fumé mi último cigarrillo antes de dejar el hábito. Era la noche del 6 de septiembre de 2008 y todo fue así, tal como dice el poema. 


El último que fumé



Había luna tal vez.
Luz entre los edificios
del frío septiembre
junto al río.

Tomar vino y conversar
forman un bello deporte
que practicamos. Me gusta
que me dijeras “te amo,
pendeja”
después de algún chiste o en medio
del saludo, inflabas
los cachetes llenos de risa.

Decir que nos amamos
sin piedad ni diferencia es
un tesoro
que me acompaña.

Tuve yo
ceremonia para mí, contigo;
lo supe mientras sucedía:
compartimos, acompasados,
mi último cigarrillo
el último de mi vida.

Ese fuego, compartimos,
ese aire, la charla
sobre qué.

Me sentía feliz: un hombre que te ama
nos lleva
de fiesta.

Me sentía feliz:
la atmósfera del amor
nos envolvía. Amigos
para toda la vida.





Fotos: Federico Tinivella


lunes, diciembre 14, 2009

Un libro de Alicia...

El pasado día 29 de octubre, la poeta Alicia Salinas (Rosario, 1976) me hizo partícipe de la presentación de su nuevo libro: "Gallina ciega" (Rosario, Editorial Ciudad Gótica). Alicia y yo somos amigas desde hace mucho tiempo, calculo que desde hace al menos diez años, y las dos somos amigas de Paula Alzugaray. Así que aquel día -aquella noche, para más precisiones- estábamos las tres compartiendo el lanzamiento del libro muy emocionadas. Ali me había pedido que dijera algo, lo que yo quisiera sobre su poesía. La emoción y la cercanía no son buenas compañeras en ocasiones así, y doy fe que a Paula también le pasó; incluso nos reunimos para compartir la lectura de este conmovedor conjunto. Por todo ello, el breve texto que escribí no se despega de sus poemas y algunos transcribo. Aquí va la intervención completa:


"Entre los libros de Alicia Salinas, pasó el tiempo, con él, el cuerpo de su escritura. La maduración, acompañada por el juego, volvió a tomar forma y hoy nos convoca. Estoy aquí para cumplir una promesa: la de acompañar a Alicia hoy. Le prometí que estaría presente cuando, ya mareada, entre la multitud y cegada por la venda, se acercara a cada uno de nosotros para tantear los rostros, las ropas, sentir los olores próximos. Le prometí que estaría cerca, que encontraría al menos una cara amiga. Jugamos a estar ciegos en la infancia… Adivinamos quién está enfrente… Ya adultos, nos cegamos ante un amante… jugando en la intimidad… A veces, aún sin vendas, pisamos a tientas… Tratamos de descubrir… la ciudad, nuestra casa, el territorio que habitamos.

Desde que Alicia Salinas me pidió que compartiera con Paula Alzugaray esta presentación he leído una y otra vez los poemas de Gallina Ciega. Me resulta difícil tomar distancia de ellos por varios motivos: el primero, es la amistad con su autora, el segundo es que me encanta este libro, el tercero es la identificación con las temáticas que recorre. Las preguntas sobre la vida. Las decisiones. Los mandatos que pesan…

Esta gallina, este animal doméstico, camina el territorio de las páginas impulsada por su “voluntad/ de abjurar La Sombra.”, ¿se habrá quitado la venda? ¿o está decidida a caminar a ciegas y, aún así, con paso firme, a encontrar… reconocer… y conocer? Nosotros, los lectores, vemos sus Huellas, no sabemos nada más de su trayecto solitario, solamente conocemos los rastros que quedan. Evidencias que atraviesan las tres partes que componen el libro: la primera, “Huellas urbanas”, la segunda “Huellas domésticas”, la tercera “Huellas silvestres.

En estas primeras “Huellas urbanas”, el vector gallina atravesó el plano, cada pisadita es un poema. A medida que vemos los rastros comprendemos que la ciudad, cualquiera sea su nombre, es la misma y aquella que se distingue y se nombra en un momento, es la que sirve para cristalizar el símbolo, por eso elegí para leer el poema

Atardecer en Puerto Madero

“Tal vez sea por esto

que pensar en un hombre

se parece a salvarlo”

Roberto Juarroz


Murallas de luces, los hialinos edificios de la capital.

Donde no se refleja la pequeña sombra

de mi pena, aquí,

debajo.

Rabian los autos, sus bocinas envuelven

como red impalpable. Acuna lo que aturde:

a este sonido lo soñó la pampa nunca.

Animales de mi siglo, regurgitación de humos

y venenos. Rodean y esquivan la figura

leve que en el piso se enquista.

Quién esperaba el tiempo donde apenas

conjetura una estrella y lo peor: contagia

la atmósfera su indiferencia a cada cosa.

Si el mundo se extinguiera y mi corazón

se deshojara como una rosa fría

seguirían todos su camino en el aire

sin demorar el ojo su pestañeo impasible.


En la segunda parte “Huellas domésticas”, la gallina está puertas adentro, en la casa que transita hay un jardín, muchas ventanas, el ambiente de la cocina y un lugar donde tomar el té… La casa… Espacio de recogimiento y de reflexión, tanto como de imaginación y posible violencia paciente. También hay espera, recuerdo, cálculo. Mientras permanece allí, piensa en los relojes y en las hojas de los árboles y en las flores, ese retazo de mundo, ese retazo de naturaleza controlada.

Elegí para compartir el poema


Opresión en sepia

Cuando la casa reposa de sus ruidos y hechuras

los relojes traman estrategias.

Durante el día cualquier cosa

los oculta y aquieta.

Viento en los cristales, puertas

que los espíritus abren, pájaros y niñas

al lado en disputa

por el color más bello del mundo.

Si la naturaleza calla y los monstruos urbanos

por derrota o cansancio se repliegan,

bajo los techos acometen

con sus espadas los relojes.

Es preciso por azar despertarse

a la hora que la serenidad invade y las terrazas

se manifiestan apenas por el paseo de un gato,

para descubrir el unísono. Irrefrenable

coro, letanía perfecta.

Un minuto tras otro cae en ningún sitio, lejos,

mientras en el lecho tranquilos olvidamos

la traición que se acentúa cada noche.

Los relojes se alimentan del silencio y el descuido

de los humanos

para correr su eterna carrera contra el universo.

Nosotros, convidados de piedra.

Víctimas de antiguos y nuevos mecanismos,

de lo que en la pared pende o en la mesa de luz

poco a poco

nos horada y despoja.

Ya las niñas no dicen turquesa o azulado.

Son mujeres retratadas en sepia, el color que los relojes

inventaron.


En la tercera parte “Huellas silvestres”, la naturaleza se vivencia como turista, como testigo. Un paisaje habitado por los otros: los minerales, los animales, los ancestros, los que crecieron entre la hierba y el agua, acunados por el viento. Allí, el poema se vuelve rugido y bocanada. De este conjunto elijo


Plegaria al Paraná

“Ah, luminoso río,

grandes amores no se ahogan en remansos.”

César Bisso


Lejos de esta tierra negra llevame, en lodo

arrastrada. Con el lomo

al sol entre lecho de limo, raíces de sauces,

helechos. Cañas rotas y redes

que carcomió la pérdida.

Frágiles instrumentos de varones rudos,

desde botes minúsculos enfrentan remolinos

y a veces se sumergen. Huye así

la única llave del sustento. De estos hombres

tristes llevame, Paraná.

De sus pescas generosas con réditos mezquinos,

de quienes los despojan alejame

como a los camalotes, sustraída

del puerto y sus emporios. A los balaustres

de la costanera, los yates sin mácula

que brillan obscenos con la luz del mediodía

los desea mi olvido, ya espera lo pasado.

Paraná,

hasta el océano de hipocampos y medusas.

Playa vacía, de fina arena,

donde el que hoy al lado mío mira

partirá.

Para el amor que tu curso une al mar,

la promesa más vana. Lo quiero

feliz de creerla posible.


Para terminar, me queda por decir que esta gallina será muy ciega pero no es inocente: Cada abordaje es fértil. En cada lectura se renueva. Cada palabra tiene una huella."

Imagen de tapa: Daniel García