miércoles, febrero 01, 2017

Fluir (repost reloaded)

Hace un tiempo Débora Tenenbaum Rucsica publicó en su blog una recopilación de autorretratos menstruales realizados por veintiocho mujeres. El título es Sin nombre - autorretratos menstruales. Cuando Débora subió la publicación a la web hacía apenas unos meses que había parido a mi hija, faltaba mucho aún para que la sangre volviera en mí con buen ritmo, mi bebé era pequeña y continuaba mi puerperio. Los retratos y los textos de ese coro me conmovieron profundamente. Pensé en mis propias vivencias menstruales: las irregularidades, el dolor, los malestares, las manchas en la ropa. La sangre en nuestra cultura. Las mujeres pasamos años escondiendo y contrariando la naturaleza de nuestro cuerpo. Los líquidos azules de las publicidades y el ocultamiento de la menstruación. El útero y el ocultamiento del "celo" de la hembra humana. Los tabúes y los mitos. Muchas a mi alrededor han manifestado repulsión hacia su propia sangre menstrual. Afortunadamente, en el último tiempo vital de los ciclos fui encontrándome con otras mujeres, comunicándome con mis pares-hembras-hermanas a las que su sangre no las repugna, admirándome de nuestra fuerza. Me llevó tiempo encontrar mi momento para hacer mi autorretrato menstrual. Lo hice.
El primero, sobre el filo del final de esos días, suave y raro. Lo hice sin pensar: mientras orinaba vi mi sangre retirándose. Me sequé y fui a buscar una hoja, la ubiqué en el suelo del baño, me bajé la bombacha y abrí las piernas. En cuatro patas, con los pies plantados al piso, las rodillas apenas dobladas, las manos en el suelo. La sangre espesada de los últimos días no se desliza fácilmente, de manera que los trazos fueron cortos, más aún porque era poco el material y algo seco. Desde chica soy zurda no contrariada y sin embargo dibujé con la mano derecha, en una postura atávica, primitiva. Cuando terminé vi mi imagen suave: me dibujé de perfil, algo de los hombros, mi pelo crespo, mi nariz y una mano en un gesto elevado, como hablando. Ese primer autorretrato menstrual con el tiempo se fue borrando del papel, quedaron apenas marcas: la sangre se diluye, como todo lo orgánico. Lo sobrevive este poema:


Es la sangre
que me sostiene
(La que cobijó
y dio a luz)
La sangre nido
sangre río
limo
íntima
poderosa
tibia
latente
enérgica

energética.


(autorretrato menstrual I, marzo de 2014)






Mi segundo autorretrato menstrual, más fuerte, fue ritual de sanación y todavía está visible. Lo hice casi un año después del primero. Fue en los primeros días del ciclo, la sangre más abundante, líquida, roja y sin embargo igual de poco corrediza. Las células están vivas y en esa vida propia no son fáciles de manipular. Me preparé distinto, esta vez dibujé con los dedos de la mano izquierda y conciente. Me acomodé en cuclillas y me entregué a la sorpresa de ver lo que aparecía: una figura de frente y en movimiento, mucho pelo, sonrisa, algo de imposición en la postura de la silueta dibujada: sanar, salir adelante. Entonces, después de mirar mi nueva obra, escribí:


yo me reconcilio
y te saludo,
sangre mía,
nido y despedida
forma de mí
cosa viva
materia
marca
principio
también

fin


(autorretrato menstrual II, enero de 2015)






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